Salpicado de viernes.
Después del episodio del aceto balsámico creo que se me podría acusar de abandono. Estuve poco en casa, la gata durmió sola, el acolchado está lleno de pelos y cuando entro encuentro todo tirado. Si no me mudo, en verano voy a tener que pintar y volver a invertir en la casa. Obvio que no me mudo, ¿de dónde salió eso? Odio la idea de invertir en una casa que no es mía. Si me encariño todavía más no voy a poder dejarla.
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Ayer, zapping en el entretiempo del partido, encuentro la escena final de a la orilla, en I-sat. No se veía muy bien, pero lo inesperado del encuentro me dejó un poco knockout, no por nada de ese tiempo, sino por la sensación de ver en pantalla, así como así, en cualquier momento, algo que hice, las líneas que escribí, las indicaciones para que los chicos actuaran, la mesa de la escenografía en la que ahora juega mi sobrina, la música del final, los nombres. El año. 2004. Pasaron tres años de eso. Dos años de aquello. Y ya casi un año de.
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Los nombres. Casi todos estamos en otros lugares (las mudanzas para nosotros, los cambios de país -Israel para ella, España para él, México para ese otro-), en otro tiempo, otras compañías. Las coordenadas de tiempo y espacio en las que unos coinciden con otros dan por resultado una época, y una época es una combinación de sonidos, olores, palabras, estilos, la ropa, las formas de decir tequiero, las formas de no decirlo, las salidas, los lugares para ir a comer, lo conocido y lo desconocido, los comentarios entre unos y otros sobre los demás, los nombres que circulan en las conversaciones y las llamadas entrantes y salientes de un celular. La música, el transporte, los barrios.
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Lo mágico es que una serie de sucesos encadenados se dan por debajo de nuestra conciencia para pasar de una época a otra, otros olores, nuevos sonidos, hacer familia con lo desconocido, otros nombres, nuevas llamadas. Sutil. Incluso, a veces, algunos somos los mismos. Pero miramos atrás, vemos que pasaron cuatro, tres, o dos años, esas fiestas y las fiestas de ahora, los lugares en los que estuvimos y en los que no.
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El caos se vuelve orden cósmico, y en tierra de inmigrantes algunos llegan para quedarse; otros siguen viaje, en busca, siempre, de otra suerte.

3 quisieron decir:
Me gustó la descripción de las cosas que marcan una época, es especial el último párrafo. ¿Será el invierno o estamos todos medio melancólicos? A lo mejor ni siquiera sos vos, sino Lua Morzinha, la brasilera del blog espejo.
Saludos.
gracias ana wu, son lindos tus comentarios.
..."dan por resultado una época, y una época es una combinación de sonidos, olores, palabras, estilos, la ropa, las formas de decir tequiero, las formas de no decirlo, las salidas, los lugares para ir a comer, lo conocido y lo desconocido, los comentarios entre unos y otros sobre los demás, los nombres que circulan en las conversaciones y las llamadas entrantes y salientes de un celular. La música, el transporte, los barrios"...
Cómo pudo plasmarlo tan bien!?!??!
Complimenti Lola, una vez más : )
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